Mi pequeña Olivia esta próxima a cumplir un mes de vida.
Inmersos en esta agradable rutina no he sido consciente hasta hoy del horror del paso del tiempo que nos arrolla sin apenas poder darnos cuenta.
Livi cambia por dias. Su cara, su pelo, el tamaño de sus piececitos, sus ojos, como nos mira. Quiero disfrutar de cada instante porque el tiempo se acelera.
Ayer guardamos alguno de sus bodies, porque ya no le están y eso ha sido el mayor golpe de realidad que he vivido en los últimos dias.
Mi cuerpo se recupera poco a poco y yo, al contrario de lo que escuchado opinar a otras mujeres si siento que estoy volviendo a ser yo. Puede ser que yo no me tuviera en tan alta estima, o que maneje bastante bien la frustración del dolor. Estaba tan incapacitada los últimos meses del embarazo que el poder agacharme si se me cae una moneda me emociona hasta el llanto (sin exagerar lo mas mínimo).
Las tensiones que obligaron a provocarme el parto ya están casi normalizadas y pronto podré dejar la medicación, el sangrado que por poco me mata, ya casi no esta y creo por como me siento mi anemia de caballo empieza a corregirse. Los edemas ya han desaparecido también, y hace un par de dias volví a ponerme un zapato cerrado. El trombo que me salio en el brazo ya esta resuelto y solo me quedan 2 semanas de heparina… si todo eso ocurrió, ademas de los puntos de mi maltrecho aparato genital. A pesar de todo y para sorpresa del mundo, cuando me preguntan si volvería a pasar por todo eso, yo contesto sin duda que si. Aunque tendré primero que convencer a Miguel porque pensaba que se quedaba viudo, y ademas empezar a ahorrar, porque estos bebes tan perfectos seleccionados por la IA, salen carillos.
Hace unos meses alguien me pregunto si sabiendo que la FIV nos iba a ir tan bien, no nos arrepentíamos de haber esperado tanto.
Hoy tengo claro que ni de coña.
Estos tiempos, esta historia, y este recorrido me han llevado aqui. Pero no solo a un momento concreto, si no a una persona concreta. Olivia es ella por entero, es la que es por el momento y las circunstancias y no la cambiaria por nada. Sus ojos, si risa, el pelillo de punta que su padre le peina en una cresta. Sus ruiditos al dormir y como me mira excéptica cuando le canto temazos de musicales, hacen que todo el sufrimiento haya valido la pena y no cambiaria ni un solo día de estos tres años de búsqueda y desesperación, porque en verdad no buscábamos, esperábamos a que llegara nuestra niña, la que estábamos destinados a conocer y amar y eso es imposible de perder.