Tengo un recuerdo, es de hace poco, pero en momentos de frío y desesperación recurro a el. Eramos dos, Miguel y yo tumbados en una hamaca en mitad de la sierra de Córdoba, No había ni un foco, ni una sola farola a nuestro alrededor, que nos impidiera contemplar todas las estrellas que quisiéramos, fue casi como vislumbrar brevemente los secretos del universo. Hay quien puede pensar que nuestra luna de miel no fue nada del otro mundo porque no fuimos a Tailandia ni a Nueva York, pero esa sensación de intimidad en mitad de la nada, sin ruidos, sin luz, si nada mas que nosotros dos y un contaje infinito de estrellas, hace que sea unos de los recuerdos mas preciados que tendré nunca, como el la tormenta de verano leyendo desde nuestra cama, o el paseo por los montes Anaga en el mini descapotable tocando las nubes, te das cuenta de que nunca se trato del Dónde si no del con quién.
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