lunes, 6 de marzo de 2023

Viviendo de cuentas atrás

 Ultimamente vivo enganchada a las cuentas atrás.

Todos los días a todas horas contabilizando lo que queda para los tiempos mejores. Es algo que siempre he hecho, es uno más de mis grandes defectos, pero ahora es exagerado.

Lo que queda para el próximo concierto (362 horas), para el final de las guardias de puerta ( 2185 horas), para el próximo festival ( 3025horas), la prueba del menú ( 400 horas) para las vacaciones (3649 horas) y para la boda ( 4243 horas)...

Esto es un sin vivir.

Miguel me regaña bastante cuando me ve haciendo cábalas, me recuerda que no se puede vivir en el pasado, pero tampoco es sano anhelar todo el rato el futuro. 

Pienso todo el rato que lo que vendrá será mejor, pero aun así, intento disfrutar de las sensaciones del momento, sobretodo cuando me acuesto por la noche abrazada a Miguel, o cuando me siento a ver un capitulo de una serie con un refresco fresquito. Me gustaría ser de esas personas que son felices con las pequeñas cosas, que disfruta de lo cotidiano y que tiene gustos sencillos ( que no baratos me temo).

Lo que me hace falta es junio, el calorcito, el sol hasta tarde, los helados y el cambio de paradigma vital (que no cuento de que se trata por no gafarlo, que la ultima vez que lo dije estalló una pandemia mundial y no es plan)... al final continuo siempre con el mismo anhelo  de futuro. Lo único que espero es, que cuando llegue allí, sea capaz de ser feliz.




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