Viví el domingo de madrugada, una experiencia extraña, un tanto dolorosa, pero sobretodo reveladora...
Estaba en mitad de mi segunda guardia...mi segundo dia de trabajo.
Estaba cansada, llevaba 20 horas trabajando, sin parar...pero no me importaba, lo estaba manejando, me sentía segura y confiada. Y entonces paso, lo que le ocurre a todos los gafes como yo, la ley de Murphy nos ataca, una de mis pacientes, paliativas, se puso muy malita. Te preparan teóricamente en la carrera para que manejes la situación, pero todo se queda en nada cuando ves como una persona agoniza en mitad de estertores y disnea. Hicimos todo lo posible para que se fuera lo mas tranquila posible, y aun ahora pienso que nada de eso fue suficiente.
Lo estaba llevando mas o menos bien hasta que caí en la cuenta de algo, cuando fui a mirar su historia clínica me percaté de que no tenia a nadie. No es una manera de hablar, no tenia a NADIE en el mundo, nadie a quien llamar, nadie a quien avisar, nadie que se lamentara un breve instante de lo que estaba sucediendo.
La sensiblera y reina del drama que hay en mi se echo entonces a llorar de pena. Fue pena, fue angustia, fue un poco de rabia...tambien rece por ella.
Por la mañana mi relevo me miro con ternura y me dijo que la primera vez siempre es dura, y que ya me acostumbraría...
Quizás de todo lo ocurrido, eso fue lo que mas me asusto.
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